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En IxDA, profesionales, investigadores, docentes y estudiantes nos encontramos para avanzar la disciplina de Diseño de Interacción (IxD).

Dar en la tecla: historia del teclado

Rara vez nos ponemos a pensar porqué ciertas cosas están hechas de la manera en que están hechas – y cuando lo hacemos, generalmente nos faltan elementos para poder llegar al fondo de la cuestión. Entonces nuestra conclusión suele ser “porque así están bien hechas”, y nos desentendemos del problema. Pero muchas veces, las cosas tienen razones de ser muy diferentes.

Maten al mecanógrafo

La distribución de las teclas en la máquina de escribir, que luego fue heredada por los teclados de las computadoras, es un excelente ejemplo. Como no sigue ninguna lógica evidente, uno termina suponiendo que tiene algo que ver con la eficiencia a la hora de tipear. Lo cual es cierto, pero no precisamente en el sentido que uno imagina.
Cuando en 1867 Cristopher Letham Sholes diseñó la máquina de escribir, la tecnología no estaba muy avanzada, y los primeros prototipos de la máquina de escribir se atascaban constantemente. Había entonces dos caminos para resolver el problema: hacer que la máquina funcione mejor, o que los mecanógrafos funcionen peor. El primero no ofrecía demasiadas soluciones.

El teclado tradicional (QWERTY)El teclado tradicional (QWERTY)

El insigne inventor decidió entonces complicar al máximo la disposición de las letras en el teclado (originalmente era alfabética), de forma tal que al escribir se perdiera el mayor tiempo posible y que los mecanógrafos no pudieran superar a la máquina. La distribución de las letras en el teclado hizo que las combinaciones silábicas más frecuentes debieran teclearse con el mismo dedo (la forma más lenta de hacerlo) y que la mano derecha se encargara de sólo el 40% del teclado, dejando el 60% para la mano izquierda, generalmente menos hábil (al menos, para el 90% de la población mundial, que es diestra).

El otro camino

Con el tiempo, los problemas mecánicos de las primeras máquinas de escribir fueron superados, al punto que ya no era necesario un teclado antiproductivo. El propio Sholes, de hecho, patentó un nuevo teclado en 1889, pero nunca fue adoptado. El asunto quedó en el olvido hasta que en los años ‘20 y ‘30 la ergonomía analizó el problema, llegando a la conclusión de que el teclado QWERTY frena la producción, porque de hecho fue diseñado para ello.

El teclado DvorakEl teclado Dvorak

August Dvorak y William Dealey encararon el trabajo de rediseñar el teclado con la productividad como meta. El resultado fue el teclado conocido como Dvorak, en donde las cinco vocales y consonantes más utilizadas están ubicadas debajo de la posición natural de los dedos, cada mano se hace cargo del 50% del teclado, y la mayoría de las palabras se escriben usando las manos alternadamente. Los dedos se desplazan tres veces menos que en el diseño tradicional – pudiendo hacer más con menos, y reduciendo los riesgos de lesiones típicas de los mecanógrafos como tendinitis y túnel carpiano.
En una máquina de escribir, el cambio de la disposición de las teclas es una operación compleja e irreversible. En una computadora, en cambio, el sistema puede interpretar el teclado como le venga en gana, y la conversión es simple, instantánea, inmediata e indolora – basta con seleccionar el teclado deseado en el menú correspondiente.

Teclado dual QWERTY / Dvorak · Dual Dvorak / QWERTY keyboardTeclado dual QWERTY / Dvorak TypeMatrix

Sin embargo, hoy en día se sigue utilizando el diseño QWERTY fundamentalmente por tradición, compatibilidad, y falta de información. Los principales sistemas operativos incluyen la distribución de teclas Dvorak como opción, pero los teclados físicos que tengan marcadas las teclas según esa distribución, son rarísimos.

Conclusión

No siempre las necesidades del usuario están en primer lugar. Muchas veces, el apuro en salir al mercado lleva a ignorar al usuario y a la evolución futura del producto.
El teclado Dvorak es un perfecto ejemplo de cómo muchas veces los malos diseños se perpetúan en el tiempo, y los buenos diseños son ignorados y olvidados. Como los usuarios no suelen tener herramientas suficientes para juzgar un diseño industrial (porque no se dedican a ello), terminan inventando razones para justificar lo que no pueden comprender, y lo que nadie les sabe o quiere decir. Razones que suponen, por ejemplo, que algo es bueno porque es lo único que uno conoce, o porque es lo que todo el mundo usa. Y con esas razones uno se conforma, descartando el problema – y toda posibilidad de conocer algo mejor.

Santiago Bustelo, marzo de 1999